Pim Pam Pum

Karmele, la abanderada de la falacia
08/06/2009 09:06



A pesar de llevar tantos años en la profesión, todavía hay cosas que siguen sorprendiéndome. Y es que cada vez me producen más estupor los comentarios de Karmele del otro día en el programa “Sálvame” dejando un poso de duda y poniéndome bajo sospecha como un hombre violento. Todo ello, claro está, apoyado en la teoría de que ella misma fue testigo presencial de todo.

¿Cómo se puede manipular la verdad sin ningún tipo de escrúpulos, sin tacto ni sensibilidad y sin ninguna prueba? Que alguien, en estos tiempos en los que vivimos, falsifique la realidad de tal forma sólo deja de manifiesto su verdadera intención. Esta mujer, que parece un personaje llegado del más allá, solo tiene un objetivo en esta vida, que no es otro que el de mantener y conservar su sillita. Es decir, ese sitio en la que la tratan como si fuera un mono de feria sin ningún tipo de dignidad, lo cual ya es suficientemente sangrante. Teniendo todo esto en cuenta, sólo digo una cosa: es rotundamente falso que Karmele haya presenciado nada de lo que afirma haber visto. Si no que lo demuestre, porque ella nunca ha compartido ratos en su casa o en la mía con Miriam y conmigo. Los únicos ratos que hemos compartido los tres han sido espacios de tiempo muy cortos entre los pasillos y las salas de maquillaje de Telecinco. Ésta es la gran prueba de que ella no ha presenciado nada de lo que presume haber sido testigo.
Que conste que con esto no quiero matar al mensajero, que para mí es el que se merece el mayor de los respetos. Esto lo hago para desenmascarar a una vocera que grita en el desierto. Es muy triste lo de esta señora, que se parece mucho a esas que dan de comer a los gatos por la noche. Eso sí, con todo el cariño para éstas últimas que, por lo menos, se dedican a hacer el bien a los felinos, no como Karmele, que evidencia una carencia importante, por no decir ausencia, de códigos, ética y moral. Para mi estas tres cosas son fundamentales en mi existencia, ya que han regido todas y cada una de las actuaciones de mi vida. Karmele Marchante sólo es una mujer superficial y teórica que intenta abanderar un periodismo que sólo la hace convertirse en manipuladora de la información. Y lo de teórica también va por su “feminismo”, que no es más que un “hembrismo” mal entendido, y ahí me quedo. No hay que confundir los términos de “feminismo” y “hembrismo”, sobre todo en su caso, ya que no sabe lo que significa la palabra lealtad ni el concepto de respeto a la amistad.

Querría explicarle a Karmele que el infierno del que habla no tiene nada que ver con lo que realmente pasa. Es más, lo que se ha dedicado a predicar durante esta semana está mucho más lejos de la supuesta realidad que insinúa. Karmele, ¿vivir en un infierno es pedir explicaciones a tu mujer por ausencias de casa de forma continuada? ¿Acaso un infierno es exigir que se cumplan las normas que merece un hogar familiar? ¿Y pedir responsabilidad cuando tienes que tirar del carro de la familia? ¿Eso también es un infierno? Karmele,  tú no eres una profesional de la información. Desgraciadamente, y desde hace muchos años, sólo has podido convertirte en una marioneta de la mentira. Te podría decir muchas más cosas sobre tus extraños comportamientos, sobre todo en referencia a todas esas noticias falsas que te inventas para continuar tu huida hacia adelante, pero no lo voy a hacer. Sé que sólo quieres mantener tu sillita y, para ello, poco te importa la forma mientras llegues al fondo.

Querida Karmele, ¿conoces ese dicho que reza “por sus hechos los conoceréis”? Pues bien, tú tienes una enciclopedia de la A hasta la Z cargada de capítulos con un overbooking de mediocridad nunca antes visto. Para mi te has convertido en un personajillo despreciable y deleznable. De los que tienen billete de ida y vuelta. Sólo le pido a Dios que me de la voluntad necesaria para que, cada vez que me encuentre contigo, te pueda mirar con generosidad. Precisamente la misma generosidad que tú no tienes con los demás, porque para ti el fin justifica los medios, caiga quien caiga. Me recuerdas a los bancos de las universidades, que llevan toda la vida allí y no han aprendido nada.

A partir de este momento no voy a consentir, admitir ni permitir que siembres cualquier tipo de duda sobre mi comportamiento hacia mi mujer, sobre todo cuando soy una persona que ha demostrado siempre una credibilidad íntegra. Si no, ahí está mi familia, mis amigos, mi entorno, hasta la chica que trabaja en mi casa para demostrarlo. A las pruebas me remito. No hay ni un solo motivo para calificarme de esa forma que tanto detesto. Y esto te lo digo por escrito. El siguiente comentario tendrás que responderlo ante el juez, que será el que tiene que decidir quién de los dos tiene razón.
Tags: karmele, falacia, declaraciones


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El miedo de los cobardes
25/05/2009 09:40



Sigo sin salir de mi asombro. A estas horas me parece inaudito que a la víctima la quieran convertir en culpable. Es una injusticia tremenda que todavía algún descerebrado y alguna descerebrada insisten en cometer, y sé por qué lo digo. Como todo el mundo sabe se produjo un exceso de coqueteo entre Miriam y Alejandro Lecquio que, en definitiva, fue más show que realidad. Sin embargo, las interpretaciones han originado una confusión que, afortunadamente, no ha pasado de la categoría de anécdota. Y es que, desgraciadamente, para algunos empieza a ser demasiado habitual extrapolar de un detalle una historia que acaba siendo totalmente inventada e interesada. Por eso creo que es necesario poner los puntos sobre las íes, que es como a mí me gusta hacer las cosas.


Durante toda mi vida me he regido por la coherencia, algo que, con el paso de los años, se ha convertido en un santo y seña de todas y cada una de mis actuaciones en el día a día. Quizás debido a todo lo que he tenido que luchar, en ocasiones soy un poco bruto en mi forma de expresarme - siempre extremadamente pasional -, pecando a veces de exceso de nobleza. ¿Me arrepiento de eso? En absoluto, aunque me critiquen, soy así y así seguiré. Lo que no voy a permitir, ni aguantar, ni mucho menos soportar es que se dude de mí. Es por esto que salgo con esta rotundidad y contundencia. No he hecho un montaje en mi vida, y eso que en alguna ocasión sí que me lo han ofrecido. Pero nunca lo he hecho. Montaje es mentir, montaje es manipular y montaje es ensuciar una realidad para lucrarse con una serie de hechos que se mueven en los márgenes del engaño y de la mentira. Por eso nunca lo he hecho, ni lo haré. Y por eso nada tengo que ver en esta historia de Lecquio. Más bien, en todo este entramado, yo no soy más que la excusa, y no la causa. Me rebelo para decir que hay que tener la cara más dura que el hormigón cuando todo el mundo sabe en Telecinco cómo fue ese exceso de coqueteo, quizás en broma y de cara a la galería, sin tener mayor importancia. Lo que no voy a admitir es que me diga que no es la causa. El que no soy la causa soy yo, porque han invadido mi espacio, me han faltado al respeto y me he encontrado en medio de una situación que ni he potenciado, ni merezco.

Para aquellos que hablan, y también para aquellas que largan, que se miren primero al espejo y que no potencien la frivolidad ni, mucho menos, enriquezcan sus vidas y sus programas que, por cierto, están llenos de basura. Mi mujer ya me ha dicho todo lo que me tenía que decir. Como es mi mujer, la creo con firmeza, pero ella también ha aprendido la lección de todo este esperpento. A partir de ahora cada uno va a estar en el lugar que le corresponde: a mí no se me va a volver a faltar al respeto, ni tampoco nadie intentará invadir mis sentimientos. Las dudas han quedado disipadas y el acojonamiento que ha producido que esta historia haya visto la pública sólo ha conseguido que los cobardes estén muertos de miedo. Las cosas, como en la vida, claras, limpias y coherentes.

Tags: miriam, lecqio, respeto, rumor, coqueteo, infidelidad


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Pipi Estrada
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